El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció este martes el cierre oficial de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que durante más de 60 años lideró los esfuerzos humanitarios y de cooperación internacional del país. A partir de ahora, toda la asistencia exterior será gestionada directamente por el Departamento de Estado, bajo un nuevo enfoque centrado en los intereses estratégicos estadounidenses.

En declaraciones difundidas en su cuenta oficial de X, Rubio señaló que este cambio busca garantizar una mayor rendición de cuentas. “La era de la ineficiencia sancionada por el Gobierno ha terminado. Nuestros programas de asistencia exterior rendirán cuentas al contribuyente estadounidense”, escribió. La medida forma parte de una reforma estructural que busca alinear la ayuda internacional con el principio de “América Primero”, recalibrando las prioridades de cooperación global.

El Departamento de Estado calificó la decisión como “histórica” y explicó que la USAID había dejado de responder a los intereses estratégicos del país. En un comunicado oficial, la entidad señaló que el modelo operativo de la agencia “resultó en despilfarro, dependencia y erosión de la influencia global de Estados Unidos”. Ahora, los nuevos programas estarán orientados a “salvar vidas, invertir en aliados, contrarrestar a China y fomentar nuevas alianzas comerciales”.

El impacto de este cierre será particularmente notorio en países como Ecuador, donde la USAID tuvo una presencia constante desde la década de 1960. La agencia colaboró en proyectos de desarrollo sostenible, acceso a agua potable, fortalecimiento institucional, protección del medio ambiente y apoyo a comunidades vulnerables, especialmente en la región amazónica y zonas rurales. Su trabajo se ejecutaba en coordinación con ONGs locales, gobiernos seccionales y entidades del Estado.

El retiro de la USAID plantea interrogantes sobre el futuro de varios programas sociales en América Latina y otras regiones en desarrollo. Mientras el gobierno de Estados Unidos promete una asistencia más estratégica y centrada en resultados, organizaciones humanitarias y socios locales temen que la desaparición de la agencia deje un vacío difícil de llenar, afectando directamente a poblaciones que dependían de su ayuda.