El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se atribuyó el mérito de haber negociado el reciente alto el fuego entre Israel e Irán, calificándolo como un logro directo de su liderazgo y de las acciones militares autorizadas durante el conflicto. A través de su red Truth Social, Trump aseguró que tanto Teherán como Tel Aviv querían detener la guerra y que su intervención fue clave para frenar la escalada.

Sin embargo, el cese al fuego se ha visto empañado por acusaciones cruzadas. Trump expresó su molestia al enterarse de que, pese al acuerdo, se registraron nuevas acciones bélicas. Criticó tanto a Irán por lanzar un misil poco después de la hora pactada, como a Israel por amenazar con represalias. En un tono enérgico, instó a Tel Aviv a frenar cualquier ofensiva aérea: “Regresen a sus pilotos a casa, ¡ahora!”.

Antes de partir hacia la cumbre de la OTAN en Países Bajos, Trump reiteró su papel como mediador clave y recibió un agradecimiento formal por parte del gobierno israelí. En un comunicado oficial, Israel reconoció el apoyo estadounidense en la defensa y celebró la eliminación de lo que calificaron como “doble amenaza existencial”: armas nucleares y misiles balísticos iraníes.

Desde Irán, el canciller Abbas Araghchi inicialmente negó la existencia de un acuerdo formal, aunque luego confirmó que su país cesaría los ataques si Israel también lo hacía. Horas más tarde, medios estatales iraníes informaron que se había “impuesto” un cese al fuego, señalando un frágil entendimiento cuya sostenibilidad aún está por verse.